Cuando el mundo cae en decadencia, la luz desaparece con su brillo
 
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 Enkeli: Luz en la oscuridad.

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AutorMensaje
Enkeli
Angeles (RS)
Angeles (RS)


Mensajes : 19
Fecha de inscripción : 27/12/2012

Hoja del Personaje
Poder:
120/200  (120/200)

MensajeTema: Enkeli: Luz en la oscuridad.   Vie Ene 11, 2013 7:30 pm

Dejaré esta ficha por aquí, y sip, soy Rakkaus, y esta es otra cuenta :3
Nombre de Usuario: Rakkaus

Nombre de Personaje: Enkeli, o Samanta. Utiliza más el segundo, para las personas que recién conoce, y cuando las considera de confianza, les pide que la llamen Enkeli.

Edad:
18.

Sexo: Femenino.

Lugar de Origen: Alaska.

Poder: Materializar la luz, y/o manipularla.
Puede hacerlas tangible a voluntad, y utilizarlas para levantar y envolver objetos y/o personas, como escudo, como una clase de pantalla para terceros, y para ella misma es como otra capa de piel que la envuelve; esto último puede ser una acción consciente o inconsciente, como impulso de defensa.

Habilidades: Sabe de curaciones y enfermería. Artes marciales.

Rango: Líder Ángel.

Descripción psicológica:
Es una joven tranquila, que suele mostrar una sonrisa amable, llegando a parecer una persona cálida. Siempre está dispuesta a ayudar.

Por respeto, trata a las personas con cortesía, pero en el momento en que desconfía de alguien, empieza el trato cauteloso, que tan solo es amable pero manteniendo una distancia adecuada. Tiene un gusto musical muy contrastante, ya que se le puede ver escuchando música clásica, y a los dos minutos pasa a escuchar rock o metal. No es muy espontanea, pero prefiere decir: lo intente, a pensar en “él hubiera”.

Es decidida, tratando de lograr lo que quiere, pero no a costa de los demás. No le gusta llamar la atención de la gente, suele ser introvertida y a veces reservada. Llega a parecerle molesto el pánico en masa, además de sentir cierto rechazo por los lugares cerrados.

No es la persona con las mejores causas la que le provoque más confianza o simpatía, sino aquella que no oculte su real personalidad; aunque hay sus excepciones, manteniendo distancia con aquellos que solo buscan obtener beneficios sin importarles dañar inocentes.

Cuida de las personas que aprecia cuando lo necesitan; si su confianza se ve traicionada, muy difícilmente vuelve a creer en esa persona. Amorosamente nunca ha llevado un mal concepto de esas relaciones, sin embargo llega a temerle al “flechazo”, puesto que es algo impulsivo.
Y en definitiva, está dispuesta a luchar por las causas en las que cree.

Descripción física: Su tez es blanca, sin llegar a verse pálida, su cabello es oscuro (el cual le llega a la espalda baja), viéndose a veces como café o negro,. Sus ojos llegan a verse grises, y pueden confundirse con un color celeste, ya sea por el contraste que provoca el delineador negro que a veces usa. Las facciones de su rostro son finas. Es unos centímetros más alta de lo que es la estatura promedio de una mujer.

No es voluptuosa, tiene lo “justo” con respecto a “atributos femeninos”, siendo de complexión delgada.
Casi siempre se le vera usando un chal blanco, la blusa que lleve puesta en el momento llegara siempre debajo de la cadera. Usa pantalones negros, o de mezclilla azul oscuro, no ajustados ni tampoco holgados, sino con espacio justo para moverse a libertad. Como calzado usa botines, o botas.

Historia:
Nacida en Alaska. Sus padres decidieron establecerse ahí, ya que era el lugar que más se le parecía a Finlandia, (lugar del que ellos procedían); habían huido por motivos descubiertos por Enkeli en años venideros.

Durante el tiempo en que se gestaba el embarazo de gemelos varones (del cual era producto), Aino, su madre, recibió la fatídica noticia: solo uno de los gemelos se salvaría. Una vez llegado el momento del parto, el primero en nacer, fue una niña, a la cual llamaron Amely; y cuando esperaban el nacimiento del segundo bebe, se llevaron una sorpresa al saber que también era niña, por lo que decidieron llamarle Enkeli, ambas eran dos pequeñas rubias, de ojos grises y tez clara. Sus padres les dieron un relicario en forma de corazón, hecho de oro, uno a cada una, padres le regalaron a cada una un relicario con forma de corazón que al abrirlo tenía dentro las fotos de ellas dos de un lado y de sus padres del otro. Lo demás fue alegría al verlas a ambas con vida. Los primeros siete años de vida de las gemelas fueron pacíficos, aunque continuamente se desataban pequeñas rivalidades, siempre a modo de juego.

Tiempo después de haber cumplido siete años, Enkeli comenzó a sentirse muy extraña, era muy imaginativa, y un día, posando su mano para darse un poco de sombra, sintió un poder y su mano se ilumino; este hecho, asusto a la niña, y con ese miedo se decidió no comentar nada a nadie.
Las dos niñas iban creciendo unidas, sintiendo un gran amor una hacia la otra, y era algo de admirarse.

Un día las cosas cambiaron, después de su noveno cumpleaños. Ellas trascurrieron una infancia normal, al menos así fue hasta una calurosa tarde cuando ambas iban saliendo de la escuela, sus padres no habían podido ir por ellas ese día, así que tuvieron que ir ellas solas a casa. Todo el camino se la pasaron hablando, contando anécdotas y riendo, cuando estaban a unas dos cuadras de su casa vieron a lo lejos mucho humo y un gran disturbio en la zona, y aunque Ameli insistió en no ir, terminó cediendo ante la petición de su hermana. Caminaron hasta donde veían provenir el humo y al llegar vieron una casa en llamas, Ame se aterrorizó al verlo y aún más al oír gritos desde adentro del lugar.
— ¡Vamos! Debemos ayudar.-Dijo su hermana pero Ame negó con la cabeza.
— ¿Estás loca?-Preguntó Ame incrédula. -¡Ellos se encargarán!- Exclamó apuntando a dos bomberos que intentaban inútilmente acabar con las llamas.
Pero Enkeli se negó a quedarse de brazos cruzados, dejó su mochila a un lado y corrió hacía la casa en llamas.

Una vez dentro, comenzó a buscar el lugar de donde provenían los gritos, llegando al segundo piso, donde hallo a la familia que habitaba la casa. Estaban presos del pánico, por lo que no habían hecho el intento de salir, y cuando vieron la oportunidad se precipitaron.
Enkeli iba a salir de último, pero antes de poder cruzar la puerta, una biga en llamas obstruyo su paso. Los instantes que tardo en procesar su situación fueron de vital importancia, y el fuego en la única entrada, fue creciendo rápidamente.
El pánico se fue apoderando de ella, terminando en un rincón, cubriéndose con sus brazos. La casa seguía derrumbándose, y la chica solo pudo cerrar los ojos, deseando estar en un lugar seguro. Una luz comenzó a irradiar mucho, envolviéndola, y lo impensable ocurrió: la casa exploto.

Cuando Enkeli abrió los ojos, se dio cuenta que estaba tirada en la nieve, pero volvió a caer inconsciente. Días después, volvió a recuperar la consciencia, y fue informada por una enfermera que se hallaba en un hospital. Su mente había quedado en shock, por lo que solo recordaba la explosión. No tenía un solo recuerdo de su pasado.
Busco entre las pertenencias con las que había llegado, pero solo hallo un gafete que decía “Enkeli”, asumió que ese podría ser su nombre, pero al no saberlo, en el hospital decidieron llamarla Samanta.

Mientras estaba en ese hospital, decidió aprender el oficio de las enfermeras, y todos los días salía y colocaba anuncios y carteles buscando a su familia, pero lo que ella no sabía, era que desde la explosión el color de su cabello había cambiado, se había vuelto castaño. Trataba de ser optimista, esperando un día recibir información de algún familiar.
Uno de esos días, se alejó demasiado del pueblo, y para cuando se dio cuenta, había caído la noche. Comenzó a escuchar aullidos de lobos, había algo que no le hacía temerles, algo que no podía explicar. Siguió caminando, sintiendo mucho frio, tropezando continuamente, hasta que se quedó dormida, recargada en un árbol. Extrañamente, al quedarse dormida no sintió frio. Cuando despertó, sintió miedo al ver como una clase de luz la rodeaba, para luego volver a formar parte del ambiente. La niña se sorprendió, y al mismo tiempo, sintió fascinación.
Volvió al hospital, y le conto su secreto a un doctor que consideraba “su mejor amigo” (un anciano dedicado a la ciencia de la salud), él le dijo que no debía contarle a nadie sobre lo que podía hacer. Debido a que era algo extraño, el hombre decidió hacerle pruebas de sangre. El resultado no arrojo nada, tan solo que su sangre era del tipo universal; lo que quería decir que podría donarle a cualquiera.

Después de unas semanas, el estado demandaba al hospital que entregaran a la niña para darla en adopción, algo que no le gusto al Doctor, ya que en el lapso de tiempo que ella llevaba, él le había tomado cariño, considerándola como la hija que nunca tuvo. Adopto a la niña, y ella volvió a la escuela, donde se enteró por parte de sus compañeros, la historia de una niña que murió en un incendio, y cuyo nombre era Enkeli, pero que por el dolor de la perdida, la familia se había mudado. Hizo como pudo para ir averiguando más, como el apellido de aquella familia, y la casa donde antes habían vivido.
Así pasaron tres años más, gracias al apoyo de su padre adoptivo, Samanta pudo desarrollar su poder, que consistía en el dominio de la luz, y descubriendo que podía hacer de ella algo tangible. También se había unido a una clase de artes marciales, ya que si se veía en la necesidad de salir de problemas, no tuviese que mostrar su poder.
Pronto llego el día en que decidió que era momento de entrar a la casa de esa familia, de la cual sospechaba que procedía. La casa no había sido ocupada por nadie, por lo que había cosas olvidadas en el desván. Una vez en ese sitio, encontró objetos extraños, que parecían irreales, pero que le parecía haber visto en algún otro lado, entre ellos una foto de la familia, donde estaban unas niñas gemelas, con sus respectivos padres, sintiendo nostalgia sin poder explicar un porque.

Después de ese día, volvieron a pasar meses antes de que otro hecho pudiese llegar a la vida de Samanta. Hubo un derrame petrolero en las costas, y el doctor acudió para ayudar posibles heridos. Sin permiso, la chica de 14 años también decidió ir, pero no sabía que para eliminar el petróleo se habían vertido químicos para consumir el oro negro en un incendio controlado. El calor arrastrado por las corrientes fue debilitando el hielo de las orillas, y desde una de estas, la chica observaba las maniobras que se llevaban a cabo. De pronto el lugar donde estaba se rompió, terminando en el agua helada, casi ahogándose.
Extrañamente, algo, o alguien le tomo la mano, pero no la llevo a tierra, sino a un lugar extraño para ella. Un ángel le había salvado la vida.
— ¿Quién… quién eres tú? — Le pregunto asustada, dándose cuenta que su ropa no estaba mojada.
— He venido por ti, para llevarte a donde perteneces. — Le respondió con una voz tranquila, autoritaria, pero suave.
— ¿Me llevaras con mi padre? — Pregunto inocentemente, refiriéndose al hombre que la había adoptado.
— No, iras al cielo. ¬—
— ¿Qué? ¡No! ¡Yo no quiero! Yo quiero volver con mi padre. — Exclamaba alarmada.
— Tu padre es un ángel negro, y tu madre al seguirlo ya no podrá volver. Tú tienes esta oportunidad. — Dijo serio.
— ¿Tengo padres? ¿Son ángeles? — Pregunto sorprendida, y esto hizo que aquel ser de luz, se diera cuenta de que había cometido una indiscreción.
— Olvida lo que te he dicho. — Fue lo único que pudo decir.
— Pero yo quiero saber quiénes son. —Protesto. —Y también quiero saber porque puedo controlar la luz.
Esa última frase hizo que el ángel hiciera un gesto de alerta, de acuerdo el alma que poseía la chica, no era un ángel negro, o con malicia, había heredado el poder, esta señal solo significaba que pertenecía a la Tierra. Era un dilema difícil, no sabía si debía decírselo a la chica, o esperar a que ella lo descubriera. Por lo que sin más, hizo que la chica durmiera, y cuando despertó, ella se hallaba en su cama, poniendo en tela de juicio aquello que había pasado, o que tal vez solo había sido un sueño.

Dos años más pasaron, y estos trajeron consigo, la muerte del padre adoptivo. Una enfermedad lo había consumido, y era algo que él sabía que iba a ocurrir, pero que no había dicho para no preocupar a su hija. A sabiendas de ese desenlace, había comenzado una investigación secreta, para ver la manera de averiguar sobre los padres de la chica, y que no quedara desprotegida. La investigación fue exhaustiva, y dio como posible resultado que la niña era aquella gemela perdida, y que habían considerado muerta hacía varios años en un incendio. Más no conforme con eso, averiguo de donde procedían los padres, además de buscar su paradero después de que se hubiesen mudado. Todo le resulto muy extraño, ya que según vario testimonios, los padres de las niñas, habían aparecido un día y de la nada, en Finlandia, y según un cura del mismo lugar, afirmaba que eran ángeles.
Durante unos meses, se escucharon rumores sobre una pareja que tenía alas. Pero cuando la iglesia recibió un equipo de averiguación para aquellos seres, ambas personas desaparecieron, lo cual llevo a averiguar que días después, una pareja con la misma descripción física de aquella otra pareja, habían llegado a Alaska.
Lo último que pudo averiguar sobre ellos, fue que habían llegado a Song City, más no podía asegurar que siguieran ahí. El detective que realizo la investigación se mostró excéntrico, y al mismo tiempo de concluirla, le pidió disculpas al contratante, asegurándole que nada de lo había indagado, era una clase de broma. El doctor sabía que esa historia era real, ya que había conservado el relicario con el que había llegado Samanta, y lo había guardado para entregárselo en el momento preciso.

Samanta no solo recibió el relicario, también recibió la información del posible paradero de sus padres: Song City. Y las últimas palabras que le dijo su padre adoptivo fueron estas:
— Eres un ángel, y has venido a este mundo para hacer el bien. No dejes que nada te lo impida.
Después de eso, el hombre murió.

La joven se quedó un año y medio en Alaska, hasta que comprendió que aquel sueño había sucedido realmente. Se dio cuenta que era un ángel, y decidió que era el momento de resolver muchas dudas. Consiguió emanciparse del tutor que le había otorgado la ley, y después de meditarlo mucho, decidió encaminarse a Song City.

Gustos y disgustos: Su bebida favorita es el chocolate caliente (le recuerda las pacificas tardes en Alaska), por lo que casi siempre se le vera desayunando con esta bebida.
Le agrada el clima frio.
Le disgusta las personas engreídas, así como las que cree egoístas.
Su color favorito es el celeste.

Curiosidades: Se estremece al momento de cocinar, ya que le tiene cierto miedo al fuego, a pesar de sentir confort por la luz.
No sabe porque, pero toca el piano.
No sabe nadar.
Tiene la maña de arremangarse las mangas de la camisa al momento que se presenta una pelea.
Los animales que más le gustan son los lobos, pero no tiene un porque.
Tiene un lunar en el hombro derecho, mismo que también tiene su hermana gemela, solo que ella lo tiene en el hombro izquierdo.

Herramientas de trabajo: El relicario guarda un poder en el interior (según el propietario, en dicho caso almacena luz para cuando se halle a oscuras), que puede materializar como un escudo cuando así lo necesite la propietaria. Este solo funciona con ángeles puros, o con Amely, la hermana gemela de Enkeli.

Habilidades de trabajo: Alas, están ocultas, y solo se despliegan cuando lo necesita.

Datos adicionales: Enkeli significa ángel en Fines.

Imagen del Relicario.
Spoiler:
 
El personaje de Angie será mi hermana de sangre en rol. (creo).

Puntos
Spoiler:
 


Fuente: Original, tanto personaje como historia. El principio de la historia fue en colaboración con Angie.


Bueno, ahora espero.
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Mesprit Kael
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MensajeTema: Re: Enkeli: Luz en la oscuridad.   Lun Ene 14, 2013 6:54 am

Ficha aceptada,bienvenida al rol
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Enkeli: Luz en la oscuridad.
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